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El motivo por el que la nueva película de Linklater decepcionará a los fans de la Nouvelle Vague

  • Patricia Granada Brasa
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

Una propuesta centrada en Godard que sacrifica el dinamismo y a los grandes rostros del movimiento en favor de una visión muy americana


Nouvelle Vague - ARP Productions y Detour Filmproduction
Nouvelle Vague - ARP Productions y Detour Filmproduction

Richard Linklater es, para muchos, uno de los grandes directores de nuestro tiempo. Con una filmografía de 32 películas en las que explora desde la humanidad más intimista hasta la comedia más ingeniosa, no pude evitar sorprenderme al conocer su nueva propuesta. Puesto que la Nouvelle Vague es una de mis épocas favoritas de la historia del cine, me generó muchísima curiosidad ver cómo el director de la trilogía Before —tan influenciada por el cine europeo— adaptaría este periodo tan icónico. Quizás mi error fue dejarme llevar por el título y crearme demasiadas expectativas.


Linklater nos tiene acostumbrados a un estudio exhaustivo y vibrante de sus personajes, pero eso no se traslada a esta cinta. Sentí que a la película le faltaba ritmo. El montaje se siente interrumpido una y otra vez por una decisión estética que no termina de funcionar, el uso de planos estáticos de las personas antes de que empiecen a participar en las escenas con el objetivo de presentarlas. Este recurso le quita todo el dinamismo a una historia que, irónicamente, trata sobre un movimiento que rompió las reglas precisamente para ganar libertad y vitalidad. Detrás de esta decisión tan curiosa se esperaría un relato más didáctico o que posteriormente estos personajes tuviesen algún tipo de repercusión en la narrativa. Ninguna de esas dos cosas ocurre. 


Nouvelle Vague - ARP Productions y Detour Filmproduction
Nouvelle Vague - ARP Productions y Detour Filmproduction

Con un nombre así, me habría bastado desde un documental sensible hasta un repaso humano sobre la esencia del movimiento francés. Mi conflicto surgió al ver que la película se centra casi exclusivamente en la figura de Jean-Luc Godard. No es que tenga nada en contra de él, pero la decepción inicial fue inevitable al ver que se reducía a una ficcionalización del rodaje de Al final de la escapada. ¿Por qué titularla Nouvelle Vague si solo vemos el proceso de una película? Aunque es cierto que esa fue una de las grandes obras del movimiento, otros ejemplos como Los 400 golpes o Cléo de 5 à 7 se equiparan tanto en valor como en reconocimiento global. Por lo que titularla de esta manera me sigue resultando una decisión sin justificación suficiente y un tanto reduccionista.


Esta decisión deja en un segundo plano muy desdibujado a figuras que, personalmente, me interesan mucho más. Fue decepcionante ver a directores de la talla de Agnès Varda o Jacques Demy aparecer simplemente de fondo, como meros figurantes de la historia de Godard, sin recibir el peso que merecen dentro de la importancia del movimiento. Incluso al restringir la historia a ese debut de 1960, Anna Karina —otro de mis grandes intereses— se queda fuera de la ecuación, privándonos de uno de los rostros más magnéticos de esa era y por qué no decirlo, de la vida del propio Godard.


Nouvelle Vague - ARP Productions y Detour Filmproduction
Nouvelle Vague - ARP Productions y Detour Filmproduction

La película destaca por ser el primer proyecto de Linklater rodado íntegramente en francés, utilizando el blanco y negro y la proporción de la Academia (1.33:1) para evocar la época. El guion original, obra de Holly Gent y Vincent Palmo Jr., fue traducido con diálogos de Michèle Halberstadt y Laetitia Masson, un esfuerzo por mantener la autenticidad lingüística que, si bien se agradece, no logra compensar la falta de alma de la propuesta general. El enfoque se siente como una "fantasía americana" de la Nueva Ola, más preocupada por la estética que por su verdadero espíritu revolucionario y político. La narrativa se mueve en una línea ambigua entre el biopic y la romantización, sin decidirse por mostrar a Godard como un loco o como un genio. Aunque esa dualidad es real y las personas no somos planas, la película no termina de profundizar en ninguna de esas facetas. Queda la incógnita de si todo fue resultado del ingenio o una simple concatenación de casualidades en un relato más anecdótico que sincero.


Pese a todas mis reticencias, logra cerrar con un tono tierno y optimista. Si algo sabe transmitir Linklater es esa pulsión creadora casi inocente, esa necesidad de rodar a toda costa. El filme nos regala momentos tan elocuentes y divertidos que, inevitablemente, uno no puede ocultar la sonrisa al salir del cine. Puede que no sea el retrato definitivo de una época, pero sí es un recordatorio de por qué amamos el cine y por qué rechazamos a tanto pretencioso como Godard. 


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