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'Valor Sentimental': el eco emocional de una familia fragmentada

  • Marta Camarena Ferrero
  • 5 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 7 dic 2025

La peor persona del mundo regresa pero, esta vez, con inteligencia emocional


Fotograma de Renate Reinsve y Stellan Skarsgård en Valor Sentimental
Fotograma de Renate Reinsve y Stellan Skarsgård en Valor Sentimental

La primera película de Joachim Trier después de su aclamada Trilogía de Oslo ya ha llegado a los cines madrileños. En las propias palabras del director es “una especie de carta de amor al cine” que relata las complejidades de la creación, tanto si hablamos de películas como de hijos. Lejos de ser un romántico metacine al estilo de Cinema Paradiso, el argumento real gira alrededor de los traumas generacionales y de, concretamente, los problemas de confianza que un padre ausente deja a sus dos hijas, Agnes y Nora,  al preferir ser director de cine antes que progenitor.


Este tema, cada vez más representado en la pantalla grande y  ahora categorizado como daddy issues, sigue un poco la línea de Frankenstein o el Moderno Prometeo, donde un egocéntrico creador presencia como su creación se le va de las manos al estar afectado por su mal trato. Es una exploración minuciosa de emociones arraigadas a la familia que plantea la eterna pregunta de ¿somos seres humanos independientes o tan solo el producto resultante de nuestros padres? Por suerte, la película no pretende darnos una respuesta. Su intención es que el público reflexione y llegue a la conclusión que resuene más con con sí mismo. 


Es una historia atípica, de estas a las que ya no estamos acostumbrados. Su simpleza y genialidad surgen a partir de la falta de una estructura narrativa clásica. No hay una introducción, nudo y desenlace definidos, sino que tan solo planta al espectador en medio de la vida familiar de unos personajes que intentan sobrellevar sus diferencias.


Aunque sea más bien lenta, no pesa ni se hace aburrida, y al contrario de lo que muchos críticos comentan, no tiene nada que ver con el cine de Ingmar Bergman. Con Bergman nunca he conseguido emocionarme, porque suelo estar más concentrada en que mis párpados no se cierren. Y sin embargo, en Valor Sentimental me costaba desprender la mirada de esa preciosa fotografía y aguantarme las lágrimas. Es capaz de conectar con el corazón del espectador de la manera más humana e incluso robarle inesperadas carcajadas con un humor retorcido que te pilla desprevenido en medio de la tragedia. Realmente, no esperaba reírme tanto con un drama familiar de este calibre.


Fotograma de Stellan Skarsgård y Elle Fanning en Valor Sentimental
Fotograma de Stellan Skarsgård y Elle Fanning en Valor Sentimental

Es verdaderamente inaudito lo que hace Joachim Trier en esta película. Se sentía como la vida misma, preciosa, tierna, cruel y asfixiante.  Con la angustiosa presencia de sus silencios e incongruencias que te dejan con un nudo en la garganta y la extraña sensación de querer echarte a llorar sin saber si es por tristeza o felicidad. Es muy potente porque te hace reconectar con el humano que llevas dentro, ese al que olvidamos a menudo por el ritmo frenético de nuestra vida.


Actúa como una especie de segunda parte de La peor persona del mundo, con un estilo ya muy labrado por su director. Una voz narradora nos lleva de la mano por los recovecos emocionales del espacio noruego, introduciéndonos a la familia de la que, inevitablemente, luego nos sentiremos parte. Trier nunca le ha temido a escribir personajes de moral gris y en esta película no se halla la excepción.


Nos presenta a una familia desestructurada, en inicio, a través de una casa, un lugar simbólico que refleja las dinámicas de quienes la habitan. Cuando la familia está unida y feliz la casa se identifica con un hogar, sin embargo pasa a ser cuatro tristes paredes cuando el ambiente se crispa y los enfrentamientos ocupan un primer plano. De esta manera, la película comienza una tendencia en su metraje donde tratará de representar complejas emociones a través de objetos cotidianos. Es decir, le da un “valor sentimental” a  aquellos elementos que aunque aparenten ser insignificantes, tienen un vínculo directo con las relaciones interpersonales de sus dueños.


Fotograma de Valor Sentimental
Fotograma de Valor Sentimental

Es muy impactante ver cómo afectamos a nuestro entorno hasta el punto de cambiar la connotación de, por ejemplo, una banqueta. En este sentido la película advierte de su naturaleza poética dentro de su realismo. La cinta está empeñada en trasmitirnos una historia que se sienta lo más fidedigna posible, y lo consigue con creces. Como en la vida misma, el argumento va a hombros de los personajes, que como ya he mencionado, destacan por su complejidad y por no caer en arquetipos como la heroína o el villano. Aquí todos pecan de tomar decisiones egoístas, de ser orgullosos y de pensar que son los demás los que son el problema. Se hace imposible elegir un bando, porque no los hay, y aunque puedas tener afinidad por un personaje más que por otro, entiendes el sufrimiento de todos por igual.


Es definitivamente una película de actores que, en mi humilde opinión, deberían llevarse todos los premios de interpretación de esta temporada, incluído el recién añadido a mejor elenco. Trier repite con Renate Reisve quien ya se está consolidando como una de las mejores actrices del panorama. Su inteligente mirada y delicadas facciones arropan sus palabras traduciendolas en pura poesía. Tampoco se queda atrás su hermana en la ficción, la actriz revelación Inga Ibsdotter Lilleaas, quien interpreta con dulzura una expresión del dolor mucho más contenida e interiorizada que la de Renate. Las dos encarnan una conmovedora relación de hermanas llena de contrastes pero, también de respeto, un cariño profundo y un entendimiento que las acompaña y une ante la tristeza.

    

Fotograma de Inga Ibsdotter Lilleaas y Elle Fanning en Valor Sentimental
Fotograma de Inga Ibsdotter Lilleaas y Elle Fanning en Valor Sentimental

Por otro lado, Stellan Skaasgard quien interpreta a la polémica figura paterna, está tan brillante como siempre. E incluso Elle Fanning, a quien resulta extraño verla, como si no encajase ni perteneciese en esta historia, lo borda. Su usual encanto americanizado se siente lejano en el contexto que se nos plantea y paradójicamente este efecto consigue crear una capa de complejidad más en la película. Consigue transmitir al espectador ese sentimiento de soledad e incomprensión que rodea a los personajes durante el metraje, sin desprenderse de su aura cálida y esperanzadora que la representa. Es todo un talento.


Creo que es una de esas películas en las que cada vez que la ves sacas algo nuevo, ya que no te da todo en bandeja, trata de engañarte, confundirte y jugar con tu mente. Pretenden ser secuencias de libre interpretación, como antiguos recuerdos que al revisitarlos adquieren un significado diferente. Y es precisamente uno de los motivos por los que tendré que volver al cine para verla y confirmar si se trata de una de mis nuevas películas favoritas.



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