'Drácula: A Love Tale', la adaptación que humaniza al monstruo, pero pierde el rumbo
- Marta Camarena Ferrero
- 19 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Otro vampiro deprimido que sube un poco más las expectativas en el amor

Quien diga que Edward Cullen es el vampiro más romántico es porque todavía no ha podido ver la nueva película del francés Luc Besson. Parece ser que Bram Stoker es un poco como Mariah Carey y en cuanto se acerca diciembre le descongelan para darnos una nueva adaptación al cine de su obra más aclamada. Esta vez, se hace llamar Dracula: A Love Tale y tal y como promete su título, se centra puramente en la trágica historia de amor del Conde Drácula y Elisabeta. Es por tanto, una adaptación de la novela de 1897 mucho más accesible para el público al que no le entusiasman tanto las películas de terror. Tiene una forma mucho más contenida, iluminada y cercana, con un estilo que se aproxima más a un live-action maduro de Disney como Maléfica que al Nosferatu de Robert Eggers. Personalmente, la manera en la que está contada la historia de Drácula siempre se me ha hecho un poco bola, porque creo que en sus adaptaciones se le suele dar prioridad a la estética gótica, pero no tanto al sentido y fluidez de la narrativa, algo que considero que esta versión si lograba más, haciéndola, para mi gusto, bastante entretenida.
Por primera vez, el espectador es capaz de empatizar, incluso de sentir pena, por el melancólico vampiro que está condenado a vivir para siempre sin el amor de su vida. Anhelas el recuerdo de los enamorados, incluso sin ser parte del romance, y la adicción al relato se apodera de ti al querer verles reencontrarse. La historia está contada desde un punto de vista más humano, sin tantas metáforas de guirnalda, dentro de su esencia fantástica, y es difícil resistirse a la tentación cuando los dos actores principales tienen tanta química que duele verlos separados. Creo que su concepto estaba bien planteado y la película tenía mucho potencial para ser algo bueno y delicioso, pero, por desgracia, se queda medio crudo.

Hay veces que una relectura del guion es necesaria, pero parece que Luc Besson está demasiado cegado por sus éxitos del pasado como para molestarse. La película no consigue decidirse por un tono, le da miedo arriesgar y se queda estancada en la forma preestablecida por versiones como la de Francis Ford Coppola, de la cuál se copia sin vergüenza. Es una pena ya que tenía algo que las otras adaptaciones del libro de Bram Stoker no tenían, sentido del humor.
Sobre todo al inicio, parece que se ríe de las otras versiones dejando de absurda la cuestión del vampirismo y la atmósfera melodramática que la rodea. Pero la llama irónica se va apagando conforme avanza la película, dejándome con la duda de si realmente era una sátira o simplemente una falta de habilidad para imitar otras historias de vampiros.
Pasó de ser una interpretación prometedora a una bastante cutre por tomarse a sí misma tan en serio, y creo que haber explotado el carácter sarcástico de la cinta habría jugado más a su favor. Entonces, personajes originales como las gárgolas secuaces del Conde se hubiesen amoldado mejor a la mezcla y no hubiesen parecido un experimento fallido con VFX del estudiante en prácticas.

Es, realmente, gracias a los actores que la película no se derrumba. No es que destaquen precisamente por sus conseguidas actuaciones, pero son un elenco carismático que se complementa muy bien. Quien nos guía con gracia a través de los peculiares acontecimientos de esta historia es nada menos que el gran Christoph Waltz, que parece haberle cogido el gusto a las películas de monstruos clásicos, pues hace apenas una semana lo vimos en la nueva adaptación de Frankenstein de Guillermo del Toro.
Pero los que realmente se roban el show son la hipnótica Zoë Bleu Sidel en el papel de Mina y su inmortal enamorado, interpretado por Caleb Landry Jones, que felicidades a los encargados del casting, porque tiene la cara más de vampiro que haya visto, era un papel que le venía que ni pintado. Todos ellos, aunque de maneras diferentes, tienen una química desbordante y constantemente transmiten lo bien que se lo pasaron en set, dejándonos con una sensación reconfortante, muy difícil de conseguir para una historia así de siniestra.
Lástima que sea objeto de innumerables comparaciones porque por sí misma resulta ser una película más que decente. Confieso ser la primera que la consideraba innecesaria antes de verla, pero lo cierto es que su narrativa es adictiva, su fotografía satisfactoria y, a fin de cuentas, es un encantador romance vampírico ¿Qué más se puede pedir?




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