‘Frankenstein’ y su criatura intercambian roles en la versión de Guillermo del Toro
- Celia Sánchez Vargas
- 15 nov 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 16 nov 2025
El director tiene claro que si vuelves a adaptar un clásico tiene que ser para aportar algo nuevo

Siguiendo la estrategia habitual de Netflix, Frankenstein de Guillermo del Toro ya ha llegado a la plataforma tras un limitado paso por las salas, donde aún resiste tímidamente. Con esta maniobra, el gigante del streaming busca cumplir los requisitos para poder optar a premios cinematográficos pues, si pudieran prescindir de los cines, lo harían sin pestañear. Así que lo que hacen es prácticamente solaparlo con el estreno digital.
Al margen de todo esto, que no me parecía de más mencionar, fui al cine intentando arrastrar los mínimos prejuicios y expectativas posibles, que es como mejor se ven las películas. Aunque las producciones originales de Netflix suelen causarme de primeras un rechazo que me resulta difícil evitar, confiaba en esta adaptación y estaba dispuesta a dejar que me sorprendiera. Frankenstein o el moderno prometeo de Mary Shelley es una de mis novelas favoritas, pero ya había oído a Guillermo del Toro manifestar el amor que siente él también hacia el libro, por lo que me intrigaba ver su versión. La cinta está protagonizada por Oscar Isaac como Victor Frankenstein, Jacob Elordi como la criatura, Mia Goth como Elizabeth y Christoph Waltz como Henrich Harlander, un personaje nuevo que no aparece en el material original.
Hay varias cosas que no me han convencido de la película, pero si hay algo que respeto es que se nota que el director quería hacer esta versión porque tenía algo que decir, algo que aportar. Y eso no es algo que suela pasar últimamente, en una época en la que los remakes proliferan y las mismas historias vuelven a adaptarse una y otra vez sin ninguna justificación, aparte de la falta de originalidad y de nuevas ideas en Hollywood.
Del Toro propone unos protagonistas bastante diferentes y un final que da un nuevo sentido a la historia. Y es curioso porque la redención está presente al final tanto de la novela de Shelley como de esta nueva adaptación, pero los roles se intercambian. El monstruo de la película, interpretado por Jacob Elordi, no tiene nada de lo que arrepentirse al final de la historia, pues ha sido víctima de sus circunstancias durante todo el relato. Las muertes en las que se ve involucrado son meros accidentes de los que él no tiene la culpa y, de hecho, es quien siente más pena por la muerte de Elizabeth, el personaje de Mia Goth.

Por otra parte, el monstruo de Shelley comienza a matar a las personas cercanas a Victor como una forma de llamar su atención, empujado por la ira y la frustración de haber sido abandonado. Y es a partir de esos asesinatos cuando su creador se decide a ir tras él para acabar con su vida, pues le considera un peligro para la humanidad. El dilema aquí reside en la injusticia de dar la vida a un ser para luego desentenderte de él y no ser capaz de empatizar con su sufrimiento. Finalmente, la criatura se arrepiente de los asesinatos que ha perpetrado y acaba él mismo con su vida.
En la película, quien se redime es Victor, pues ha tratado con desprecio a la criatura casi desde que le dio la vida. Así, el personaje de Oscar Isaac continúa el trauma generacional proyectando en su creación, que podría considerarse como su hijo, el desprecio que sufrió por parte de su padre. Y es él, Victor Frankenstein, quien se arrepiente de sus actos al final de la película, pidiendo al monstruo que le perdone y llamándole, por primera vez, “hijo”.
El final podría ser incluso más devastador que el de la novela, pues uno de los grandes cambios que introduce Del Toro es que, en su versión, el monstruo es inmortal. ¿Y no es acaso más frustrante estar condenado a una vida eterna de sufrimiento que poder tomar la decisión de acabar con todo? Sin embargo, parece que perdonar a Victor ha otorgado al personaje de Elordi cierta paz. La cinta termina con la criatura dejándose bañar por la luz del sol de la misma manera que Victor le instó a hacer en sus primeros momentos de vida.

Tengo que admitir que esta nueva versión del monstruo no llega a convencerme del todo pues, aunque creo entender la intención del director, me cuesta aceptar ese retrato tan excesivamente benevolente del personaje porque creo que le quita esa capa de complejidad de la que le dota Shelley al ser un asesino del que no puedes por menos que compadecerte. Echo de menos en la película esa encrucijada moral en la que te pone la autora al no dejarte otra alternativa que empatizar tanto con Victor como con el asesino de sus seres queridos.
Por otra parte, Del Toro opta por colocar la paternidad como uno de los ejes de su relato, mostrando cómo el trato que recibe Victor por parte de su padre condiciona, o incluso determina, cómo acaba él tratando a su “hijo”. También me pareció muy pertinente esa relación que el cineasta muestra entre Victor y su madre, ilustrando el complejo de Edipo del protagonista al hacer que Mia Goth encarne tanto a la madre como a Elizabeth, la prometida de su hermano de la que Victor se enamora.
Aunque me gusta esta versión de Elizabeth, que es muy distinta a la del material original, sí que es un ejemplo lo que para mí es un problema en la película, y es cómo el monstruo no recibe ese rechazo social tan abrumador del que es objeto en el libro. Entiendo que esta versión, aunque no deja de ser trágica, pretende ser algo más esperanzadora, añadiendo además esa reconciliación final entre los protagonistas que pone en valor la compasión y el perdón que, por muy “malos” que seamos, todos somos capaces de mostrar hacia otras personas y, quizás, todos merecemos.
El aspecto del monstruo en la película ha sido criticado por algunos y a mí también me chocó de primeras. No obstante, he oído a Del Toro hablar sobre como quería crear una versión bella de la criatura porque, si Victor ha estado pensando en crearla durante tanto tiempo, no puede por menos que construir una obra de arte. Y aunque no deja de resultarme extraño, creo que es coherente con el retrato que hace en conjunto del personaje de Elordi. Es un monstruo que puede dar miedo no por su aspecto en sí, sino simplemente por ser distinto, pero es que estamos hablando de un monstruo que no es el de Shelley, es el de Guillermo del Toro, y creo que también es importante recordar y respetar eso.
Dicho esto, y aunque me da pena, la película me pareció un poco larga y excesivamente declamatoria. No quiero escuchar cómo me explican algo en una película; quiero verlo explicado a través de las imágenes. Pero Guillermo del Toro ha demostrado que tenía algo nuevo que decir, y esto más raro en el cine de lo que debería ser.




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