'La chica zurda': Shih-Ching Tsou dirige con su "mano del diablo"
- Celia Sánchez Vargas
- hace 6 días
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Más que con mano de hierro, Shih-Ching Tsou dirige con su "mano del diablo", que es como su abuelo apodó a su mano izquierda, convirtiéndolo en punto de partida para una historia sobre estigmas familiares y sociales

En su debut como directora en solitario, Shih-Ching Tsou vuelve a unir fuerzas con Sean Baker para, esta vez, adentrarse en una historia profundamente ligada a sus propias vivencias. En La chica zurda, una madre y sus dos hijas transitan por el áspero paisaje del capitalismo tardío, que la directora retrata con un optimismo que no renuncia al realismo.
En el filme, cada personaje tiene su propia carga personal. Algunas son autoimpuestas, mientras que otras provienen de terceras personas, de la tradición o incluso de la precariedad económica. Aquí, ninguna decisión parece plenamente libre. El entorno social, marcado por las expectativas de género, atraviesa una realidad en la que las mujeres despliegan un ingenio constante para tratar de sostenerlo todo a su alrededor. Mientras tanto, los hombres de la familia parecen transitar el mismo espacio con la ligereza otorgada por el privilegio.
Shu-Fen (Janel Tsai) asume encargarse de su exmarido enfermo, lo que le lleva incluso a endeudarse. Todo bajo la mirada reprobatoria de su hija mayor, I-Ann (Shih-Yuan Ma), que no entiende el afán de su madre de cargarse con los problemas de otros y, especialmente, de aquel que tanto sufrimiento les causó en el pasado.
Por otra parte, I-Jing (Nina Ye), la hija menor, convive con su propia carga: su “mano del diablo”. A ojos de su abuelo, ser zurda no es un atributo inocente, sino un defecto que debe ser corregido. Pero ella comienza a concebir su “mano mala” como algo independiente y que actúa por cuenta propia. Al desprenderse de la responsabilidad de lo que su mano pueda hacer, se confiere a sí misma la potestad de llevar a cabo pequeños hurtos. Así, busca contribuir ella también al núcleo familiar, cuyas vicisitudes no le son ajenas a pesar de lo pequeña que es. No obstante, el sentimiento de culpa nunca le abandona del todo.
Esta mezcla de ingenuidad infantil y astucia adquirida convierte a I-Jing en la protagonista de algunos de los momentos más memorables de la película. A pesar de la cruda realidad que relata, La chica zurda incluye muchas situaciones divertidas que arrojan chispazos de luz a esa vida llena de problemas, dotando al filme de un tono inesperadamente optimista.
Ya desde la primera escena, la cámara muestra el punto de vista de I-Jing mientras mira a través de su caleidoscopio, allanando el terreno para una película en la que la mirada de la pequeña será clave. Incluso, en ocasiones, la cinta deja al espectador solo con I-Jing, permitiéndole que la acompañe en esas aventuras que vive deambulando por el mercado. La cámara baja a la altura de sus ojos y el montaje fragmenta la acción, creando esa sensación de que tú también estás en ese frenético mercado zigzagueando entre los transeúntes.
Este frenesí llega a su máxima expresión en la escena de la cena, que condensa todas las tensiones que la película había ido sembrando. Durante el cumpleaños de la madre de Shu-Fen, la conversación no tarda en convertirse en un campo minado donde estallan reproches y rencores acumulados.

Como ha hiciera Baker en Tangerine, la película está rodada también con un iPhone. No obstante, esta decisión no busca únicamente un acabado estético, sino que responde a la voluntad de la directora de capturar el ajetreo real del mercado nocturno de Tonghua (Taipei). Para ello, necesitaban camuflarse entre la multitud de una forma que una cámara no les habría permitido.
Además, el puesto de fideos también es real. Shih-Ching Tsou estuvo acudiendo durante dos meses a hablar con el dueño para intentar convencerle de que les alquilara el puesto por las noches después de echar el cierre, hasta que finalmente accedió. Según relata la cineasta, la mimetización del equipo con el entorno fue tal que la gente se detenía a pedir comida en el puesto, pensando que los intérpretes eran trabajadores reales del mercado.
Se trata de una película que lleva años gestándose. De hecho, fue el germen de Take Out, película de 2004 que Sean Baker y Shih-Ching Tsou dirigieron juntos. La historia está basada en las propias vivencias personales de la directora, pues su abuelo también le dijo aquello de que la mano izquierda es la “mano del diablo”, algo que de pequeña le impactó profundamente. Cuando se lo contó a Baker, llegaron incluso a viajar juntos a Taipei, convencidos de que ahí había una historia. La imposibilidad de filmar la película allí fue lo que les llevó a rodar Take Out en Nueva York.
Años después, La chica zurda termina haciéndose realidad. El resultado es una película que encuentra un equilibrio complicado entre optimismo y realismo. Una historia en la que, entre luces de neón, asumir la culpa como condena no parece la única salida cuando tenemos nuestro ingenio para salvarnos.




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