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‘Obsession’: El miedo a que decidan por ti

  • Celia Sánchez Vargas
  • hace 3 días
  • 2 min de lectura
Frame de 'Obsession'. FOCUS FEATURES
Frame de 'Obsession'. FOCUS FEATURES

No se me ocurre nada mas terrorífico que perder la capacidad de elegir por ti mismo. Estar atrapado en tu propio cuerpo, a merced de lo que otra persona decida por ti. Y, sin embargo, no tiene que por qué ser algo fantasioso o sobrenatural. Puede ser un martes por la tarde cualquiera.


En Obsession, dirigida por Curry Barker, el deseo de Bear (Michael Johnston) de que su amiga Nikki (Inde Navarrette) le quiera “más que a nadie en el mundo” se convierte en una pesadilla cuando se cumple al pie de la letra. Desde el principio resulta evidente que algo no encaja, con Nikki comportándose como alguien completamente diferente. Pero, por si no quedaba claro que la Nikki “enamorada” no es realmente Nikki, Bear presencia en varias ocasiones cómo, de cuando en cuando, despierta de esta ‘maldición’ durante unos segundos, sobresaltada y completamente fuera de sí.


Más adelante, una llamada telefónica termina de despejar cualquier atisbo de duda, con Bear escuchando a la verdadera Nikki gritando desesperada, atrapada en su propio cuerpo. A pesar del evidente impacto que le provoca, es capaz de ignorarla incluso cuando, en mitad de la noche, le suplica que acabe con su sufrimiento y le recuerda que nunca han estado juntos de verdad, a lo que él responde, impasible: "¿Y tan malo sería? ¿Tan malo sería estar conmigo?”


Claro que Bear es, de alguna forma, víctima de sus circunstancias. Al fin y al cabo, nunca podría haber previsto las consecuencias de su deseo. Pero sí que decide de forma consciente y reiterada seguir adelante, justificando su decisión porque la realidad que tiene delante satisface aquello que siempre quiso. “Solo porque lo decidieras por ella no lo hace menos real”, le dice esa voz al otro lado del teléfono.


Frame de 'Obsession'. FOCUS FEATURES
Frame de 'Obsession'. FOCUS FEATURES

Entre un narcisista encerrado en una pesadilla sin salida y una víctima atrapada en el cuerpo de una sanguinaria asesina, Barker no parece estar tratando de dirigir la empatía del espectador hacia un lugar específico. Más bien, nos concede aquello de lo que han privado a Nikki: la libertad de decidir. Una confianza en la audiencia que también se refleja en esos diálogos afilados que, en un segundo visionado, queda patente hasta qué punto aportan información en cada línea y contribuyen a crear un ritmo perfectamente equilibrado.


La película renuncia al ‘jumpscare’ gratuito constante, optando por este recurso cuando realmente tiene sentido y aporta a la historia. En paralelo, va construyendo una tensión creciente que, de cuando en cuando, rompe con unos fogonazos de humor situados en ese punto medio entre la risa anticlimática y la carcajada nerviosa que solo el terror es capaz de provocar.


Creo que hablo por mucha gente cuando digo que la audiencia lleva tiempo reclamando historias originales y rostros nuevos entre tantos remakes, secuelas y spin-offs. Junto a Backrooms de Kane Parsons, Obsession representa un soplo de aire fresco en este sentido. Y las cifras parecen confirmarlo: existe un público deseando llenar las salas cuando el cine decide no apostar por lo mismo de siempre.



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