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Con amar no basta: '15 pruebas de amor' y la maternidad queer

  • Patricia Granada Brasa
  • hace 2 horas
  • 3 min de lectura

La película de Alice Douard explora el proceso legal que obliga a demostrar el amor en las familias sáficas


Apsara Films - Des preuves d’amour
Apsara Films - Des preuves d’amour

El 19 de junio, en pleno mes del Orgullo, se estrena en España 15 pruebas de amor, una película que llega en un momento de creciente visibilidad del cine queer, aunque no todas las historias ocupan el mismo espacio. Mientras el relato gay masculino ha encontrado un hueco cada vez más amplio en plataformas y salas, las narrativas sáficas siguen siendo menos frecuentes. En ese contexto, el nuevo largometraje de Alice Douard se presenta no solo como una historia íntima, sino también como una oportunidad para seguir ampliando el foco.


A priori, parte de una premisa que se adentra en unos entresijos legales que, al menos para mí, eran completamente desconocidos. Tras la aprobación del matrimonio igualitario en Francia, la madre no gestante debía someterse a un proceso de adopción para ser reconocida legalmente, lo que implicaba evaluaciones, informes y, entre otros requisitos, la presentación de cartas de recomendación, esas “15 pruebas de amor” que dan título a la cinta. Desde ese lugar, la película no solo funciona como relato íntimo, sino también como una propuesta con un claro valor pedagógico. Basada en una experiencia personal de la directora (que ya había abordado esta historia en el cortometraje L'attente), el filme aterriza un proceso complejo desde lo emocional sin perder de vista su dimensión política.


La historia rescata un momento reciente de Francia para hablar, en realidad, de algo que sigue siendo profundamente actual. No solo plantea el cuestionamiento constante al que las parejas queer deben enfrentarse al formar una familia, sino que también explora qué significa ser madre y qué significa ser hija desde una mirada dulce, pero inevitablemente política. Es un viaje sobre la maternidad, los vínculos y la imposibilidad de cumplir con un ideal de perfección que, sin embargo, el propio sistema exige demostrar.


A través de sus personajes, la película insiste en esa idea y revela que nadie encaja en ese canon de ejemplaridad. Lejos de demonizar a la sociedad, construye un retrato complejo, atravesado por el machismo y la homofobia, pero también por la convivencia, los matices y la necesidad de comprensión. Incluso en sus momentos más incómodos o dolorosos, lo que emerge es una experiencia profundamente humana, la de prepararse para la llegada de un hijo.


Apsara Films - Des preuves d’amour
Apsara Films - Des preuves d’amour

Además, introduce estos “mommy issues” desde una perspectiva más cercana y cotidiana que otras representaciones más solemnes, como Sonata de otoño. La música funciona como un legado emocional compartido incluso más allá de la relación, y detalles como Céline moviendo la cabeza al ritmo de las canciones de su madre condensan esa herencia afectiva de forma sencilla y muy efectiva.


Aunque habla de derechos conseguidos en 2013, la historia resulta tremendamente vigente y podría reflejar la realidad de muchas parejas hoy. Es un soplo de aire fresco que visibiliza sin caer en el victimismo, mostrando al mismo tiempo lo que implica ser una mujer queer en nuestra sociedad. Las angustias que atraviesan sus protagonistas son reconocibles y universales, y conectan con emociones que van más allá de su contexto específico.


Marcada por una narración contenida, es una cinta que si bien tiene pocos diálogos, todos ellos son muy precisos. Cuando aparecen, destacan por su naturalidad y por un humor cotidiano que aporta ligereza sin restar profundidad. En el centro está también la relación entre las protagonistas, atravesada por una admiración mutua: una por gestar, otra por confiar, un equilibrio que la directora y guionista, Alice Douard, señala como clave en su historia de amor.


En conjunto, 15 pruebas de amor construye un retrato sensible que, sin dejar de ser crítico, evita los extremos y se centra en lo esencial. Las dificultades, sí, pero también los vínculos, los cuidados y las pequeñas certezas que sostienen una verdadera apuesta por el amor.


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